miércoles, 12 de octubre de 2016

no sé

Dibujo de Lisa Murphy
Algo me hace no ser,                 .
(quizás sea yo).
Dicen que sé,
pero no me sé.
¿Acaso soy
este trillar lo sabido,
este tic tac esperado,
este ejecutar la norma?
Apariencias. 
No. Nunca he salido de mí.
No he nacido.
Atrancada en el cuello estoy.
No me conozco.
Mis días sufren
el arrepentimiento de no ser,
odiando este conjunto de pedazos
obedientes que soy.
Mis días se ponen ciegos,
maldiciendo este guión
que no escribí.
Todo por dentro está tachado
y reescrito, por un loco.
Hay un mundo bullendo,
dormido en mí,
sin cabida en el mundo.
En la palabra sí.
Sueños.
Todos los pasos que doy
son ajenos.
No me reconozco
en los actos.
En ninguno de mis planes estoy.
En la palabra sí.
Contradicciones.
No, no soy yo.
Apenas un atisbo de mí
me vive.
Soy mi propia traición. 
Es mi sombra la que escribe
y por ella me entreveo. 

Mariadela

martes, 23 de agosto de 2016

La verdad está en las ruinas.

Fotografía de Cesc Sales
https://cescsales.com/
@retratsbcn
Tú dirás que buscas la verdad, pero prefieres andar el doble por evitar una tumba. Buscas la verdad en el labio, y la verdad está en los muros, desnudos hasta los huesos, donde todo resbala, donde ya no hay hambre.
¿Tú buscas la verdad? Sí, una de amanecer y mar, y de horizonte; una de justicia y paz, de orden, de vuelo.
Pero te cuento: Esa es una verdad de cartel, de manual y estandarte, de frase hecha; una verdad de paraíso, de cristal líquido. Porque lo que ves es una realidad de antorchas y puños al aire; una de sangre y humo, de muchedumbre enloquecida, de ahogados, de trono y cuervos. 
Por supuesto te niegas a que esa sea tu verdad. Y es entonces que te amoldas al sistema haciéndote un hueco cálido y suave, vuelto de espaldas al mundo. Y allí vives, ciego, sordo y mudo; cumplidor y productivo; mezquino, material y muerto; en bienestar. 
Pero la verdad sigue ahí, en la sombra de la sombra; está en las ruinas, en los descampados, los pueblos desiertos y los niños viejos. La verdad está en las orillas, donde el aire se parte en dos; allí, donde acaba un mundo y empieza otro, un paso más allá del límite. Tiene yerba seca y, a veces, margaritas inesperadas. 
De vez en cuando, cansado de la rutina, buscas en la algarabía, en la manipulación de tu tiempo. Yo busco en el silencio carente de lo inútil. Busco pedazos de tiempo detenidos, que apenas respiran, hincados en mitad de un solar abandonado, ya sin nombre.

¡Calla! Hay un muro todo dientes dando lecciones; un muro de espalda fatigada, que te sabe; un muro que fue, que fue el trabajo delicado de otros hombres y al que, ahora, le crecen amapolas por sus grietas.
 Apreciemos su belleza.

 Mariadela 
De la misma serie








domingo, 3 de julio de 2016

Que por qué no escribo...

     No escribo cuanto quisiera. Le voy a echar la culpa a lo muy ocupada que estoy. Sí. La vida me está haciendo mucho lío, y no tengo remedio. Me debo a ella. Además soy de ese grupo raro de personas que cuando van al trabajo, trabajan. Y no me quejo. Madrugar ha terminado gustándome; tiene la compensación de ver amanecer. Hasta el café de la máquina expendedora y los lunes no son tan malos. No son más que la punta del iceberg de un viaje semanal para arreglar un poco el mundo, dando un paso detrás de otro (cierto, la mayor parte demasiado pequeños), de persona en persona, sin atropellarse, con la sonrisa de "vale tienes un problema, pero no es el fin del mundo, hay alternativas". Así que me dedico a los hechos. O se vive o se escribe.
     Me dicen que escriba en las noches. Yo les digo que vivir la realidad de un modo consciente, agota, y que, intentar escribir con la cabeza llena de problemas ajenos, me llevaría horas hasta encontrarme. Aparte de que soy también de ese tipo de personas que duerme. Cada día, al salir de la oficina, dejo parte del alma en algún que otro expediente que espera un milagro. Me siento tan mermada que es entonces que me apetece desviar mi atención hacia lo físico; otra rutina diametralmente opuesta a los quehaceres laborales me invade. Estoy hecha a lo bruto. Me gusta poner mi cuerpo al límite, un poco antes de que me explote cualquier víscera, o mi rodilla izquierda me avise estrepitosamente de que lo voy a joder todo, si sigo por ahí.
     Caer en la cama como el plomo, la mente en blanco y dormir, en lugar de escribir los versos más bonitos, no tiene perdón. Ese capricho mío de dormir toda la noche como si no hubiera mundo, esa pérdida necesaria de tiempo, me duele. Y no sé qué coño me pasa, pero me gusta esa sensación de acostarme como si volviera de la primera línea de batalla, de haberlo dado todo, y despertar con el cuerpo dolorido, algún que otro cardenal, pero, en cambio, con los labios suaves y rojos, la mirada certera, y la espalda recta.  La ilusión me inventa, y tengo la jodida idea de que todo puede volver a empezar, de cero. Quizás debiera poner aquí mi hora para escribir, antes del amanecer, mientras todos duermen. Sería mi momento de escribir lo que sí, lo nuevo; de escribir el bosque, el azul, el sol. De quedarme atontada mirando a la ventana, al horizonte, donde todo son posibilidades.
    Pero también hay otras pausas. Pierdo el tiempo en las puestas de sol, en respirar otro aire, el de los pájaros de verdad. Pienso en las rutas que trazan de cielo en cielo, y que solo ellos entienden; pienso en su incansable gorjeo, en que son los mismos pájaros todo el rato, que se han vuelto locos porque las estaciones andan confundidas; y es que son ya tan escasos los días de clima extremo que estos han decidido quedarse; eso sí, haciendo como que emigran, yendo y viniendo en bandadas bien organizadas, de árbol en árbol, vaya a ser que ir en contra de su naturaleza acabe por colapsar el mundo. Demasiado bello para no llorar.
    Y es entonces que vuelvo a otros pájaros, los que he decido que aniden en mi cabeza. Están un poco enfermos; unos sufren de sueños, otros de decepciones. Malditos pájaros de cantos supuestos, históricos, de fe en cualquier creencia aprendida. Aún siguen revoloteando, heridos de preguntas. Ni siquiera desean ya una respuesta, sino más bien un cirujano de manos como labios y el preciso desorden de un beso. Luego, para compensar esta inactividad, me pongo a caminar a lo grande. Solo los tristes saben que no hay suficientes parques para olvidar. Os digo que faltan calles en esta ciudad para pasear los anhelos; faltan personas que se crucen, que tengan una determinada estatura, color de ojos, línea del cuello, nuez, boca, piel, en este casting cotidiano de personas que me recuerden a ti. Se me ocurre que a esta hora de lucha interna, sin sentido, le podría venir bien escribir. Sería el momento de escribir la otra realidad, la irrealizada, o la irrealizable, de escribir odas a lo inútil, al olvido; de escribir en blanco y negro, de escribir cadáveres. La hora de quedarme con la mirada perdida por dentro, donde el horizonte es una cuerda con un nudo en el centro bien apretado.
     Pero lo peor de todo no es a qué hora escribo. No. Es que lo que escribo nunca me parece bien. Sinceramente, me parece que no sé escribir. Me atasco, me desespero; odio mis lagunas. Y las pocas palabras que consigo hilar, sé de buena tinta que, cuando alguien las lee, bajan la cabeza y se miran los pies, intranquilas y ruborizadas por tanta osadía. Esa es la verdadera razón por la que pasa el tiempo y no escribo.

Mariadela 

lunes, 11 de enero de 2016

no es de cobardes la huida


Fotografía de Cesc Elias

No es de cobardes la huida,
cuando se tienen los ojos llenos
 de horizonte,
y las raíces en las manos,
un mundo inacabado,
la vida.

No es de cobardes la huída,
si es dejar atrás
un bosque sombrío
de derrotas.


Mariadela

 
 (de la misma serie)





jueves, 27 de agosto de 2015

cuando caigo


Cuando caigo,
en el movimiento
inesperado de un error,
me hago salto,
salto sinuoso
en el vacío.

Y me asombra.
Me asombra esta falta
de temor entre los huesos.

¿Qué energía es esta
que me invade
la entraña abierta
de la carne?

¿Qué fuerza letal
sin manos ni surcos
que me frenen,
sin pena ni culpa
que me hiera,
me abraza?

Es tan dulce,
que me duele.
Cuánto me duele
no arrastrarte
en mi agonía.

Cuando caigo,
veo tan clara la verdad
de esta mentira,
que en el sabor de la derrota
me place.
Me place mucho lamer
las paredes afiladas
e incesantes de este abismo,
desde el borde cegador
hasta el fatal estrato.

Pero lo que más me place,
es la risa oculta
tras los párpados
y esta paz
de no ser nada,
que se tiende descomunal
en la orilla,
apretando mi cintura
contra el miedo.

Cuando caigo y
sé que muero,
me embriaga la seguridad
con que traspaso
el límite sin medida,
ahí,
donde ya no duele
otro error sino la huída.
Tu espalda, la de siempre,
alejándose del filo,
mas yo, encontrada,
sin memoria, otra,
marginal, mínima...
cuando desciendo
al cielo negro de la vida.

Mariadela

viernes, 13 de marzo de 2015

lágrimas que no han muerto


El principio y el fin.
La nube agonizando.
La tormenta y la calma.
Es una lágrima.

Pero hay lágrimas sin llorar. Merodean en los rincones moribundos donde no hay resquicios para respirar.

Lágrimas autocensuradas. Duelen.

Lágrimas antiguas como estratos, presionadas por el tiempo; subterráneas, lentas, abriendo cavernas. Hieren.

Lágrimas enterradas en sus tumbas de diamantes, para las que nada es lo suficientemente triste, resplandecen frías e impasibles ante todas las muertes del mundo. Matan.

Lágrimas todas contradictorias, disfrazadas de risa por no llorar, y que albergan una falsa ilusión...

Vagabundean, sin destino, para finalmente quedar atrapadas como el germen de vida encerrado en el hielo. Allí, donde no se espera encontrar nada.

Lágrimas capaces de soportar el infierno porque se escondieron bien en la oscuridad, en cápsulas del tiempo.

Forman estanques donde habitan extrañas, mientras todo a su alrededor está seco y devastado por el viento, como un arrugado ser poco humano. A nadie importan.

Pero basta un pequeño cambio en el orden, para que salten inesperadamente como un emocionante descubrimiento. Un "chute" de llanto, y el estanque se hace cristalino. Hasta se puede ver su fondo, y el revoloteo de un corazón latiendo a destiempo, pero vivo, cubierto de nenúfares, chocolate y mermelada de naranja amarga.

Mariadela

sábado, 31 de enero de 2015

desde el blanco

¿Dices que "blanco" es paz, libertad...?
Yo digo que es perfecto y muerto.
Es un ahogado.

El blanco es impoluto,
pero no baila, no gime,
ni grita de placer.
No besa, ni muerde, ni sangra.

Es una voz demasiado baja,
buscando un cuello
para no morir.

El blanco es el rebote de la luz
en el hueso níveo del frío,
y los matices del gris.

Es el moribundo de cal
que escribe un último grito,
quemando en su boca
... de espuma de mar.

Blanco es un corazón roto
que estalló en miles de colores
nunca antes vistos por aquí.

Y ahora, llegando al final,
un quedarse "en blanco",
como susurrando otro principio,
sin más.

Un cuerpo que no da sombra.
Un sueño que se escapa,
Un "hola" tan seco que es "adiós"
...

Pero de repente, desde el blanco,
un relampagueo para volver
al vaivén, la nota de color,
el balanceo y la vida.

¿Qué pasa?
Pasa que hay maravillas
alrededor y que suena,
de la nada,
"el violinista en el tejado".

Pasa que un dedo
para una lágrima
antes de que llegue
hasta el ombligo
o se cuele
entre unos pechos.

Y pasa que hay un empeño
de sueño que deja huella,
y un caminito de estrellas,
coleteando.

Alguien tendrá que escribir
su rastro.
¿Quién teme al blanco?
Reiniciando...

Mariadela

martes, 23 de diciembre de 2014

y... ¿qué es un verso?

Un verso es...
el mundo en miniatura.
Mi corazón "arrancao".
Tu rostro en mi retina.

Es el mar entre mis manos.
La palabra desnuda.
Mi amor entre tus dudas.

Eso es un verso.
Y un beso que no acaba.
Ternura en la locura.
El principio detenido.

Un globo que espera
sentado, lleno, ido,
llorando quizás,
porque le nazcan raíces.

Es la piedra que respira,
consciente,
que sangra en verde
hacia arriba, leve, riendo.

El grito rojo de las fauces
desde el centro de la tierra,
soñando con el azul de la orilla.
Es el eco imperceptible
de alas rotas que brillan,
tristes, castigadas,
sin caricias de la brisa.

El verso es la nada o el todo.
Ausencia de la prisa.
Un pedazo de tiempo huido.
El fluir del lado oscuro.
La mirada hacia adentro,
la mirada hacia atrás...
y los detalles redondos del olvido.

Es mi verso.
Un renglón no vivido.
La excusa hacia la libertad.

Mariadela
 
 

sábado, 13 de diciembre de 2014

a menudo olvido el viento

Todo parece estar tan bien que la mano se diluye, el lápiz cae rodando y ya no escribe trazos de sueños. Hasta el mar sufre de calma y se torna dulce. Ningún rumbo que seguir, solo flotar sin destino, y hundirse en los arrecifes muertos, allí, donde no hay preguntas, nada que cambiar, y nadie en la nada.
Los sueños quedaron libres. Entonces, caída, quietud y la fría dulzura de lo que no, cuando dejo de querer, en una noche cualquiera.

Es en esa aparente tranquilidad, que un pálpito aventurero, sin nombre, se deja caer por los alrededores. Parece tan fugaz y lejano, tan fácil de negar.

Al principio lo ignoro para seguir sin movimiento.
No quiero que nada perturbe lo que es tan perfecto, aquí, adentro.
Mi dulce sonrisa sin temperatura, sin color. El silencio.

Por supuesto no veo, ni quiero ver... pero esos silbidos.
Desde apenas un hálito reacciono y recuerdo. No es nadie.
¡Es solo una ventana abierta que a menudo olvido!
Regreso a la calma, demasiado paralizada para cerrarle la boca al viento.

¿Por dónde iba? Sí, mi dulce sueño... pero ahora el frío en los pies.
¿Quién me está enviando este vientecillo cabezón?
Viene a refugiarse en las rendijas más serenas, haciendo crujir lo que ya se había hecho seco y eterno.
Valor tiene de susurrarle al hielo.

¿Por qué esta caricia inesperada?
Acaso el viento no sabe que es ahí afuera su elemento, al raso,
donde las gotas de agua ansían su abrazo.

Empeñado en despertarme, este airecillo vagabundo ha dado vida a los muebles.Veo ramas saliendo y entrando.

Y es que a menudo olvido
que habito en el torbellino.
Allí donde se entremezclan
las cuatro bocas del viento.

En una noche de despertares,
el brillo del reloj guiña.
Todo está bien.
Sigue el ruido detrás de los cristales,
el azote del tiempo.
Porque hoy toca mi querida Mary
besarle la boca al viento.

Después cabrá la lluvia en mi beso, y el día estará dormido.
Lo que me recuerda que sigo viva, aún sin sueños.

Mariadela

Pintura de Jean-Pierre Leclercq
Pintura de Jean-Pierre Leclercq

sábado, 22 de noviembre de 2014

no entiendo de barcos

Pintura de de Alyssa Monks
Pintura de Alyssa Monks
No entiendo de barcos,
pero sé de un corazón
a la deriva, sin resistencia
al viento y al mar.
De sirenas con bailarinas,
cantando a la luz de las velas.
De escamas sobre la arena.
De la vela sin telón.
De viejos sueños fantasmas,
y capitanes sin timón. 
 
Porque a mi
no se me escaparon
aquellas almas,
hundiéndose,
en el azul oscuro.
Aún se oyen gritar.
Y sin embargo,
el fondo no quiere muertos.
Es un lobo de mar,
escupiendo.

No entiendo de barcos,
pero sé de unos labios
un poco náufragos,
lamidos por olas de sal.
De peces con cuello de cisne,
helados en alta mar.
De cisnes con ojos de hombre
con el agua hasta el cuello negro,
suspirando,
y en sus palmas el miedo.

No se me ocultó
el hueso frágil del hambre,
tan hondo como el océano,
ni que en las noches serenas
flotan las ilusiones huecas,
los lamentos de maderas,
cansadas de los peces,
y del olvido de los hombres.
Y sin embargo, el fondo,
el fondo no quiere cuerpos.

No entiendo de barcos,
pero el ancla, la ola y el faro, sí.
Sueña el ancla con ser ave
y navegar libre entre nubes.
Confiesa la ola mareada,
que el vaivén la trae loca,
y que, ojalá, un billete de ida
la instale en cualquier roca.
Solo al faro le entra el mar,
llora y sueña con ser nave.

Hemos tocado fondo.
Y todos en el mismo barco
o no.
Pero el fondo,
embrión del renacimiento,
cuando todo esté perdido,
saldrá a la orilla reptando.
Por eso, el mar...
el mar no quiere nuestros muertos,
solo armazones de barcos
y colonias brutales de vida.
Vida.

Mariadela

lunes, 18 de agosto de 2014

brisa de estío


by Lisa Murphy
Pintura de  Lisa Murphy
!Qué delicado roce al pasar
de esta ligera brisa!
El valle la espera doliente.
Viene bailando, graciosa...
Que no me la quite nadie.
Me trae murmullos lejanos,
a veces, aleteos y risas.
Este fresco tiene una mano,
que juega un poco conmigo.
Yo la miro de soslayo.
No viene para quedarse.
En una tarde de estío,
se va dando pasos de lado.

Y cuando menos te lo esperas,
vuelve, suave, pausado.
Con un ligero roce se despide,
como dando pasos hacia atrás, y su pelo...
Tardes de verano cayendo,
en el tamiz de los toldos blancos.
Los rayos se han helado.
La brisa se va serena,
entre silbidos disimula,
dejando el cristalino de las cumbres...
y a lo lejos, de nuevo, el eco de unas risas.
Mariadela

domingo, 10 de agosto de 2014

un beso sin beso


Qué no diría un beso al beso.
Palabra "de beso"
que hoy te doy... Hola! te beso
los buenos días, las noches y demás.
Te extraño...
Que estoy enfadado
que no te entiendo,
pero, te miro y te digo que
para bien o para mal, soy la paz.
Que yo me acerco cordial.
Soy tu informante
el termómetro, la señal.
El caso, el análisis, la sentencia final.
Pero un beso siempre es más.
Una fuga, una huida,
una liberación.
La revolución interior,
la tormenta, el mar.
Estallido de colores,
una pausa, ¡Aire!, respiro.
Y de nuevo... la paz.
¿Acaso tiene lados separados el beso?
La máxima confianza,
la voluntad completa.
Qué extraño se había quedado aquel beso, sin beso,
como un deseo en suspenso.
Ojalá la jeringilla final
en este pequeño universo.
Pero siempre más.
¿Jugamos? Venga...
¡Se subasta un beso!
Quién besa más?

Mariadela

domingo, 1 de junio de 2014

desde que no me hablas



Desde que no me hablas
en cada letra escribo tu nombre.

¿No sabes que de tanto pronunciarte
me quedé sin tinta en los labios?

Por eso ahora te escribo con palabras
que ya no sé vocalizar.

Ni me llegan los sonidos de la gente
porque no son tu canción.

Desde que no me hablas,
pétalos caídos.

Y al despertar...
un pálpito me habla de ti.

Sin acariciar tu nombre con mi boca,
sin escribir mis letras en tu espalda.

Solo me dejaste la nada
bien anudada en el centro.

¿Qué escondes en tu mente,
ahora que tus labios ya no me hablan?

Veo pasar tu voz muda.
De repente se me hizo inaccesible.

Lo que dices no es para mi.
Nisiquiera estás en tus palabras.

De ti solo tengo silencios
y me niego a descifrarlos.

Desde que no me hablas
el aire no fluye, se acristaló.

Y en cada hueco me nacen peces
que preguntan por ti.

Me dejaste dormida, allí, donde no habitan
las formas, los nombres, los cuerpos...

Y al despertar...
solo sombras puntiagudas me hablan.

Desde que no me hablas...
el agua no brota de las paredes
y no hay nenúfares en los muebles.
Quizá te quedaste dormido para siempre
en alguna fisura de mi cuerpo.

Mariadela

lunes, 14 de abril de 2014

el espejo no sabe quién eres

 A veces no te encuentras. Piensas que si algo o alguien no lo remedia te vas a quedar como una "esfinge", sin nada dentro, en silencio, como mirando al infinito. Y buscas y buscas, sin parar, a ver si algo fuera de ti te devuelve a ti.
Todo se te antoja pregunta.
Ves tus pensamientos uno tras otro, como si fueran astros en torno a una estrella, y tú, en fin, como muy lejos de ella. 
Todo se torna silencio.
Te miras en el espejo. No estás en tu cuerpo.
Todo se vuelve ausencia.
Te levantas, te pones el disfraz, tus pinturas de guerra y a pelear. Cierras la puerta tras de ti y todas las sombras del espejo. Una realidad de mentira te espera. ¡Acción!, la representación transcurre como de costumbre, sin novedad. El papel te lo has aprendido tan bien, que nadie duda de que lo vivas como si fueras realmente tú. ¡Corten! ya está bien por hoy; felicitaciones, lo has hecho muy bien.
Pero, bien sabes tú que... en la línea que separa la tarde de la noche, vuelves al espejo para preguntarle ¿quién soy yo? y es cuando el espejo se queda callado, y te observa con una mirada larga y sorprendente.
Si te encuentras perdido y no sabes donde, no vayas muy lejos, quizás estés perdido en un rincón de ti mismo. ¿No oyes los gritos pidiéntote ayuda? Sólo tienes que sacarte de ahí, hacer de espeleólogo y bajar a tus profundidades; allí estás ahogándote, esperando a que te rescates y vuelvas a ser tú en todo momento, incluso representando el personaje diario que te ha tocado en el reparto, aunque sea con una sonrisa torcida.

Mariadela


domingo, 13 de abril de 2014

¿Cansada de mi?, puede ser.

Poetisa Safo aburrida sobre un televisor. Pintura de Cristina Alejos Cañada
"Poetisa Safo aburrida sobre un televisor" pintura de Cristina Alejos Cañada
¿Vosotros no os cansáis de vosotros mismos? Yo, a veces, sí. Es entonces cuando quisiera dejarme, pero claro es difícil. Así que para solventarlo decido salir de mi propio yo, a ratitos. Por ejemplo... que veo que me aburro de mis propios pensamientos, deseos, maneras de hacer, limitaciones, entonces me paro a ver que hacen personas muy distintas a mi, y me pongo a la tarea. Se trata de hacer aquello que siempre has pensado que nunca harías o que nisiquiera sabías que existía. Es una manera de comprobar que, a veces, no tenemos por qué encorsetarnos dentro de nuestros propios límites autoimpuestos.
Podemos ser más. Sí, así es. Te encantaría, por un casual, dibujar, arreglar una tubería, eeeeh, no sé, poner una reclamación, quitar el gotelé ... y no lo haces porque piensas que ya hay quien lo hace mejor que tú, o que siempre hay alguien que lo hace por ti; o simplemente te preguntas, con cierto desencanto, para qué. Pero la verdad es que si nunca lo intentas nunca lo sabrás. Quizás te sorprendas a ti mismo de lo que eres capaz. Solo hay que salir de uno mismo, afuera y probar el mundo.
Cunado te veas un tiempo haciendo lo mismo y de la misma forma date un toque, llámate la atención, ¡hey! que estas muriendo, y eso no.
Que vestir siempre de uno mismo es muy aburrido. 
Mariadela

muero, el tiempo se acaba

Pintura: Alicia Besada

Antes de que se acabe el mundo, hoy,
escucha la lluvia que me cae dentro.
Ven y electrocútame
con tus palabras de alto voltaje.

Haz que respire a chorros
entre mi cuerpo y el tuyo,
y que en cada beso
el aire sea más escaso.

Ármame los huesos
con tu contorno de hombre,
y que el silencio se rompa
en cristales de saliva.

Con precisión, vamos,
descóseme las entrañas,
Pulsa el botón que enciende el mundo.
Qué esperas, vente, aquí está tu hueco.

Mariadela

domingo, 6 de abril de 2014

¿te saco de mi archivo?

Siempre llegan esos días...
Paso, descaradamente,
delante de ti. Sonrío.
Yo siempre sonrío.
Silencio.

Frío, calor, sed.
Paso la lengua.
por mis labios,
que se vuelven a secar
en un círculo vicioso.

Corro como el viento,
que me entra a bocanadas.
Demasiado aire sin digerir.
Me quiebro en cristales.
Sigues sin percibirme.

Lo sé. Es tu manera.
Tu gana de tenerme
más, mucho más...
Al borde del deseo.
Bien. Te espero en el límite.

Entretanto me entretengo.
Tiro de archivo.
Sí, eso funciona.
Me preparo, te estudio.
¿Es lo que quieres? Lo es.

Tengo tu expediente
en mi base de recuerdos,
Lo saco y lo releo.
Es tu petición de deseos,
durmiendo, pendiente.

Compruebo tus datos
y juego un poco contigo,
con tu susurro lejano,
con el roce fantasma de tu mano,
con esa felicidad intangible.

Entonces me viene, me vuelve,
tu código de barras a mis labios.
Y no pienso en otra cosa...
¿será mi destino...?
¿escribir en línea con tu deseo?

La espera ha terminado.
Tiro de ti con un hilo de ternura,
en un día pausado, claro.
Sorpresa. Somos dos y la locura.
De nuevo escalofríos.

Protección para mis labios,
mi agua, mi calma,
el comienzo... todo,
y el término... nada.
Archivando...

Porque volverán.
Volverán los días
en que me pasee delante de ti,
y no me veas,
y otra vez tire de archivo
en este ciclo vicioso que no cesa.



Mariadela

martes, 25 de marzo de 2014

el olvido tiene nombre

Cuantos besos en palabras
no llegan a ninguna boca,
y se deshacen navegando
en barquitos de papel...

Es el olvido que no sabe leer.

Cuantas pasiones destrozadas en fragmentos
llegan más allá de lo esperado,
y no encuentran el retorno,
deambulando sin ninguna dirección.

Y cuantas mentes haciendo la jugada,
globos sueltos, sobrevolando la realidad.
Llevan dentro el aire de promesas,
de intenciones, de deseos, de sueños.

No es más que el olvido
sin referencias, sin rumbo,
sin puntos fijos, sin razón,
sin pies que pisen el mundo.

El olvido es un tarado,
pero se hace el loco.
No tiene respuesta.
Quiere ser otro y en otro lugar.

El olvido tiene nombre,
tú, tu nombre.
Un bofetón de realidad,
vaciando el pensamiento.

Petrificado en el mismo borde del abismo.
El olvido. Tú. Tu nombre.


Mariadela

martes, 11 de marzo de 2014

saltar del tren

A veces pienso que debería pararme, y salir de mi "normalidad", de mi rutina, como única solución para llevar a cabo lo que realmente quiero hacer: mis proyectos, mis sueños... 
Me sometería a  una especie de ritual, me trasladaría a un lugar, pongamos la montaña; me sentaría en una gran roca, contemplando la ciudad desde arriba, respiraría hondo y empezaría a despiezarme en trocitos; limpiando la era, deshaciendo "pajas mentales"... para luego recomponerme y empezar de nuevo. Todo desde la observación, la concentración, el ahora, la realidad, fluyendo... Que sublime ¿no? o que fantasioso o que irreal. No se ni como calificar esta sensación.
Bueno, lo cierto es que no voy muy descaminada. Ahora los psicólogos recomiendan el flow, fluir (con uno mismo y con la vida). Fluir es correr, moverse libremente, dejándose llevar, como hacen los fluidos, adaptándose al medio; lo contrario es estancarse, diluirse, disiparse o hacerse una roca.
Tod@s tenemos periodos en que no fluimos. Y no fluir es como no estar; no te concentras en lo que estás haciendo. Algo así como pivotando, entre que te empujan y empujando, entre dos perspectivas; con demasiada conciencia del tiempo, mirando hacia atrás y hacia lo que viene o quieres que venga, y en consecuencia perdiéndote el presente. Es más, incluso lo que te gusta no lo haces... y todo te cuesta mucho.
 ¿Por qué? Se me ocurren unas cuantas razones
Indecisión. Este estado te lleva a ir de un proyecto a otro. No sabes descartar, te gustan varios temas, no lo tienes demasiado claro y pruebas a ver qué tal,  pero al tiempo lo dejas, porque no te satisface. Quizás no sabes lo que quieres. Sí, y esto no solo le pasa a los adolescentes; para esta sensación no hay edad. Puedes pasar la vida buscando. Y lo único que se consigue es la Gran  Dispersión y a continuación el Crack. Te rompes. Para esto no se me ocurre otro motivo que el hecho de que no te conoces ni a ti mismo, no sabes cuales son tus capacidades, o no sabes como sacarlas a flote. Y saber esto no depende muchas veces solo de uno mismo, de la experiencia, no; también se necesita de alguien adecuado que en el momento adecuado te haga sacar fuera de ti aquello para lo que vales. Y estos maestr@s no abundan.
Falta de planificación. Puede que sepas lo que quieres pero, ¿sabes planificarte, establecer prioridades, tener claras las metas y objetivos?. No. Somos españoles. Sí, lo digo así de claro. Jamás aprendimos a planificar, a prevenir; a seguir protocolos de actuación. No. Lo que nos va es el "aquí te pillo, aquí te mato", nos encanta poner parches, la guerra de guerrillas. En eso somos unos genios. Salimos de cualquier problema, somos los reyes de la improvisación. Esto en muchas ocasiones trae consecuencias nefastas, que las cosas no salgan, que salgan con demasiado coste personal o que salgan mal.
Demasiada planificación. Tan malo es no tener ningún control como tener todo el control, si es que eso se puede conseguir. Seamos realistas. No se puede controlar todo, y es más, no se debe. Hay demasiados factores para controlar y si te excedes en el tiempo planificando no pasas a la acción.
Desmotivación. No querer realmente implicarse de lleno. Porque implicarse con pasión conlleva deshacerse de tabúes, del "qué dirán", miedo al fracaso, a cometer errores, a ser distintos, y por contra hemos recibido una educación basada en la uniformización, no te salgas del rol, no te impliques demasiado, no sobresalgas, si no serás el raro, no encajarás.
Comparación. Pensar que para qué emprender algo en lo que ya hay otros que lo hacen mejor que tú.  
Soledad. Falta de apoyo. El mundo contra ti.
... y así puedo seguir hasta el infinito.
Sí, son demasiadas razones; alguien me diría que más bien excusasPuede ser. Y que la clave está en renunciar a cosas. Y que no hay salida que no pase por romper, arriesgar, perder para ganar... ¿qué? libertad.
Y esto es muy bonito, y muy cierto. Pero hay que tener agallas, volar, quitarse ataduras... y en contrapartida nacimos demasiado pegados a la tierra.
Me diréis. Aquella persona que no lo hace le faltan ganas. No. No es falta de ganas. Pero solo con las ganas no se juega. Tienes que tener el tablero y jugar, mover las piezas y hacerlo de manera inteligente, conocer a tu oponente, y adaptarte a una realidad que tiene bien estudiada la jugada, te la juega, te la juegas. Y tienes que saber perder, sin miedos, sin cortapisas, abriéndose en canal, así.
Y ahora os voy a contar lo que parece una tontería, pero que es algo muy simple y muy real. Si analizo mi día a día, sin entrar en muchos detalles, me doy cuenta de que no tengo tiempo de hazañas. La rutina me lleva, no yo, y de que modo.
Me despierto a la 6:30, me arreglo, hago café, saco al perro, me voy al trabajoooo!!! a pelear, estresarme y desmotivarme. Vuelvo a casa, saco al perro, almuerzo, descanso entre 10 y 30 min. Café. Leo de todo, estudio, blogueo y/o tuiteo; entremedio me acuerdo que tenía que hacer unas llamadas obligadas, rutinarias, por lo general insatisfactorias; me voy de compras (tengo que decir que odio ir de tiendas); por fin algo placentero, me voy a correr a las tantas, vuelvo, me ducho, ceno, tuiteo si eso, a dormir o a lo que surja... en fin.
Y es que el día tiene solo 24 horas.
Ah! me olvidaba, esta el finde, eee... claro, pero este es tiempo de hacer todo lo que no he podido hacer durante la semana y que no deja de ser también una obligación, una rutina: y en este orden, social, tareas de casa y familiar... uff.
Y teniendo todo esto en cuenta... me queréis decir ¿¿cuando me reconstruyo?? ¿¿cuando paro este tren maldito de lo rutinario?Excusas, y más excusas, o simplemente ¿la realidad?
Así que como no puedo o no me atrevo a dar el paso, a saltar del tren (sí, soy cobarde) me he dicho... voy a ponerme a fluir en la realidad (haciendo caso a los psicólogos del flow). Sí, como lo estoy diciendo. Voy a dejarme fluir en lo que hago día a día, dentro de esa maldita rutina, sin más. Trataré de hacer lo que hago concentrada en el aquí y ahora; justo, justo como estoy mientras escribo esto. Escribir me absorbe por completo, me hace perder la noción del tiempo, me satisface. Puedo conseguir el suficiente equilibrio entre el nivel de esfuerzo, reto, etc, y el conocimiento de lo que soy capaz. No es ni demasiado complicado como para que me frustre, ni demasiado anodino como para que pase de ello y no me exija a mi misma un poco más. Y lo importante, tener esta actitud no solo con lo que te place, sino con todo lo demás.
Mariadela

martes, 18 de febrero de 2014

te dibujo en fuga

Fotografía: Jan Saudek
No tengo los detalles
pero puedo dibujarte
dentro de mi,
porque me ciegas.

Me vienes en susurros,
a ritmo, suave, duro,
como el viento contra las ramas.
Y cada vez marcas distintas.

Tengo las señales
que dejas a tu paso,
partículas de ti,
suspendidas en mi nube.

En nuestro mundo...
yo en el horizonte,
tu en el punto de fuga,
en la unión sin límite.

Tengo la línea de tu voz
en mi laberinto de huesos,
repitiéndose como el eco.
No me deja descansar.

Con tus pedazos "arrancaos"
y mis manos llenas de colores,
pinceles de silencio
siguen dibujando tu contorno.

Encajo las piezas,
digo tu nombre.
Pero sus letras me dan frío.
Me recuerdan
que necesito tu calor.

Mariadela

viernes, 31 de enero de 2014

con el vicio de volver

La mirada sostenida,
vaciando el mundo.
Tu iris en mi retina.

Regreso al bucle
de colores adyacentes
hoy, mañana, y siempre.

En mi hueco el arcoiris es bipolar.
Azul y verde, sin playas de arena,
virando al mar.

Vuelta a las sombras de la gente,
perdiendo sus sonrisas,
solo por tenerte en mente.

El pensamiento yace detenido,
por lengua, saliva, dientes...
y demonios que imagino.

Y desde el disfraz diario
una sola necesidad,
escapar del radio de atracción,
no sentir,
para seguir viviendo.

Pero en el fondo
un solo deseo,
esperar que eso nunca pase...
y volver al eclipse
para seguir muriendo.

Mientras tanto, relojes de cristal
ven pasar la muerte de los segundos,
en silencio, sin solución, y vuelve la sed
y bebemos, una y otra vez,
para luego quedar muertos.


Mariadela

viernes, 24 de enero de 2014

estoy en un verso contínuo


Fotografía: Harry Fayt

Profundo.
Respiro versos,
versos que suelto al aire
para que los cojas al aire
en un suspiro.

Sublime.
Escribir versos,
versos como hielos
que se funden en tu boca
al rojo vivo.

Es ahora.
Ni un antes ni un después.
La cabeza en silencio,
Shhhhh!! ahora sí,
solo los versos.

Ni cordura, ni moral
Me asaltan versos,
versos que escondo
bajo capuchas...
por temerarios.

Con la única intención de ser,
sin esfuerzo, de ida y vuelta...
hay versos libres, felices, claros,
versos que recorren veredas.

Pero los mejores versos
se modelan contra el viento.
Se escapan y se posan...
en las copas de los árboles.

Poesía,
véndame  los ojos
con encajes prohibidos,
y  húndeme contigo...
en un suicidio de versos.

Por exceso o por defecto,
versos que vienen
con determinación,
que asaltan tu ombligo,
tu corazón,
como el toque de tus dedos,
el verso perfecto.

Mariadela

jueves, 16 de enero de 2014

esperar con fundamento

"La espera": Omar Ortiz
Esperar, uf! ¡qué molesto! (ya sabéis lo poco que me gusta esperar en una cita, ¿quedamos? ¿a qué hora?, pero ahora trataré otro tipo de espera, más necesaria. Y tan irremediable, a veces, que se impone aprender a esperar, sobre todo para no caer en los extremos: 
  • Está la espera de los que nunca hacen nada. Esperan siempre y jamás toman la iniciativa. Es como decir "que a aquí me las traigan todas" Esta espera no es de prudentes sino más bien de cobardes, irresponsables y de seres con demasiado miedo a equivocarse, a vivir... tanto que se pueden quedar esperando que ocurra... nada.
  • Luego están los que no conocen la palabra espera. Su vida es un no parar. Realmente admiro, al mismo tiempo que me ponen de los nervios, los que se tiran a la piscina, los que siempre tienen algo que decir, algo que producir. Pero si les preguntas por qué y con qué finalidad, no te saben decir, acostumbrando a justificar su actuación, a posteriori, a través de cualquier clase de argumento, no importa cual.
Y ahora estarás pensando que... qué me ha dado con esto de esperar. Espera que ahora te lo explico.
La espera puede fortalecer el carácter. Pero para eso hay que darle otro aire. A mi me gusta darle el sentido de pausa, de reencuentro con uno mismo. Esperar no es (solo) esperar. 
Normalmente nos situamos en la espera como expectantes en un mundo en el que algo, alguien está por venir... esto es tal como las metas, la ilusión, la posibilidad, los sueños...
Pero para que la espera no sea en vano habría que considerarla como algo más real, tal como no esperar nada. ¿Contradicción? No. La espera siempre está provocada por algo que deseas que suceda. Pero ¿qué pasa si no te llega lo esperado, la recompensa? Que te frustras. Pues sí. Y que palabra más fea, frustración; no solo es difícil de pronunciar si no de digerir. 
Si lo que esperas está en tu mano significa que primero tienes que plantar, entremedias cuidar y esperar, para, en último término, recoger... tal como si cultivaras tomates. Y es que entre el esfuerzo y la recompensa media el reloj. Esta modalidad de espera no le va a los impulsivos, a los impacientes, a los que lo quieren todo ya.
Puede ocurrir que lo esperado dependa de otro, o del azar, o de algo que no puedes controlar; entonces... ¿porqué angustiarse?, ¿qué vamos a esperar?... pues, cualquier cosa. Este tipo de espera debería resbalarnos. Las personas obsesivas, débiles, o demasiado crédulas se aferran a esta espera, sin control, y esperan solo porque sí. Es totalmente infructuosa y negativa.
Otras veces quizá ya solo te queda esperar porque ya agotaste tu último cartucho. Así, en seco, la espera parece como una especie de resignación, decepción. Pero esto es autoengañarse, pues sabemos, a menudo, que cuando solo nos queda esperar es porque lo esperado ya lo damos por perdido. Y si ya vas con el no ¿porqué sentirse mal? Hicimos lo que pudimos y tenemos la satisfacción de haberlo intentado. Así que habría que tomarse esta espera como el descanso del guerrero, se haya ganado la batalla o no.
Y por último, os diré que, a veces, me quedo como esperando; y no sé el qué ni a quien, pero sé que... espero por necesidad, como si estuviera parando un tren que no lleva a ninguna parte, o que no te deja llegar a donde quieres. 
Mientras espero, no provoco, no grito, aclaro y ordeno ideas, emociones, conflictos...Y me sitúo un poco más atrás, en un puesto de observador. Sería algo así como darse un tiempo; como si se estuviera de vacaciones. Nada me pesa, nada me obliga y me digo que... en cada paso que espera tengo una meta; y si me pongo ya en plan poético... nazco en cada segundo que espero. Y no sigo porque ya me voy un poco por las nubes (lo que es más propio de mi otro blog). En definitiva, una espera sin espera.
Solo un paso más. En vez de esperar que suceda desde afuera, podríamos invertir la perspectiva y esperar que suceda siempre algo desde dentro.
Y esta es mi espera. Me espero a mi y me encuentro a mi, porque todavía estoy por llegar (y creo que lo estaré siempre).
Espera viene de esperar, del latín sperare, tener esperanza; y como se dice "la esperanza es lo último que se pierde". Pues eso... que la espera sea solo eso, espera; no decepción, frustración o desengaño.
Y hasta aquí mi espera. ¿Y tú a qué esperas?

Mariadela

domingo, 12 de enero de 2014

la impuntualidad o importarte un pimiento con quien quedas


Hay una espera física (típica y odiosa). A ver, quedas con un humano que al parecer piensa que has de esperarle eternamente.
Seguro que esto os ha ocurrido, al menos, alguna vez. Las fases de la espera en una cita.
LLegas antes de la hora, vale, te dices "tranquila que todavía no es la hora" (relax).
Cuando es la hora notas una ligera intranquilidad; te preguntas "por qué nunca la gente llega a la hora de quedada, nunca" y por tanto "de qué sirve pactar la hora"; y aunque lo consideras una falta de respeto y son de esas cosas que te sacan de quicio, vas y te apaciguas. Claro que sí, porque es lo general, y te pones a hacer cualquier cosa, una pajarita de papel con una servilleta del bar... (resignación).
Pero he aquí que los minutos pasan, y también varias cosas por la cabeza: "¿me habré equivocado de hora o de sitio?" y empiezas a soliviantarte; pero recuerdas perfectamente, hora y sitio correctos... (dudas).
Y por fin pasa el cuarto de hora, que se dice "de cortesía" (una tomadura de pelo social) y no aparece ni dios. Y es justo cuando te dices si "habrá pasado de la cita" y que "le importo un pimiento" (bajón).
No sabes qué pensar, y bueno... el camarero se acerca con mirada picarona y te pregunta si quieres algo más y te tomas otro café para "tranquilizarte"; y, por supuesto, sigues allí esperando más allá de lo normal e incluso pensando si le habrá pasado algo (preocupación).
Y no quieres llamar por no mostrarte demasiado impaciente; vas de un lado a otro, te asomas a la esquina y nada... y ya te decides, bueno, le enviaré un mensaje a ver qué pasa, y te quedas con las ganas de que conteste un algo... (desesperación).
Está claro, ya no te cabe más espera,  es hora de hacer "mutis por el foro". Y cuando ya llevas medio camino de vuelta a casa, te llama para decirte "me podías haber esperado". Y todo muy bien... (explosión).
Y es que esperar es un "coñazo" lo mires como lo mires. Sobre todo cuando no se entiende para que se queda a una hora en concreto.
Y cambiando de espera, están los que esperan sin tener por qué.
Sin ir más lejos el otro día quedo en que a las 16:00 h me traigan un pedido a casa, dejando claro que por la mañana no se les ocurra ir porque no estoy. Bien, son las 14:00 h (estoy en mi trabajo) y te están llamando para decirte que llevan un buen rato "esperando" (absurdamente), dando vueltas para dejar el pedido. Les preguntas si es que, por un casual, no les han pasado la nota que meticulósamente el dependiente del gran centro comercial se afanó en rellenar con todos los detalles; y te dicen que sí, que pone a las 16:00 h pero que, por si acaso, allí están... entonces de qué "puñetas" estamos hablando. Y es cuando revientas directamente, pero de incomprensión por el ser humano.
  Y tú, ¿respetas las horas de quedada o pasas un kilo, como la mayoría?

Mariadela

sábado, 4 de enero de 2014

pensar "demasiado" ¿y qué?

Al frente de las fórmulas de comportamiento están los psicólogos, psiquiatras, antropólogos, sociólogos... y es muy común que caigan en las retahílas fáciles de los 5, 7 o 10 trucos para solucionarte la vida. Ahora están de moda las claves para que no pienses mucho, vayamos a sacar humillo. O sea, "Consejos para no pensar" "Consejos para no pensar demasiado" "... para no pensar cosas malas "... para no pensar en alguien" "... para no pensar en el pasado" "... para no pensar en el futuro" 
Dicen que si piensas mucho entras en bucle, conducta obsesiva,  fobias, ansiedades... pensamientos negativos reiterados, destrucción, el caos. Pero seamos realistas, esto solo pasa en ciertos casos y es una enfermedad. 

No siempre que te veas dándole vueltas a una idea o problema, incluso si es a menudo, significa que estés obsesionado. ¿La obsesión qué es?, por cierto... algo también muy subjetivo y relativo; ¿dónde están los límites?
No somos plantas además de vivir, pensamos, sentimos y lo sabemos; y nos enamoramos, idealizamos... y si hay un problema que te preocupa, pues te preocupa, y ya está. Es inevitable en algún momento dado pensar y pensar, sin más.
Se me ocurre que quizá, solo quizá, si una idea vuelve de vez en cuando a tu mente, pero siempre le das la misma solución, o ninguna, puede ser que solo estés reafirmándote u homologándote, y no tengas porqué cambiar nada. Y te darás cuenta de que no supone un problema porque siempre se va por donde ha venido y sigues con tu vida. 
Y por otro lado, digo yo que...
¿qué de malo hay en pensar siempre en una canción, la canción de tu vida?
¿qué de malo hay en pensar a menudo en esa persona que te calma, que te libera, que te enamora?
¿qué de malo hay en pensar contínuamente en un sueño?
¿qué de malo hay en darle las vueltas que haga falta al arrepentimiento, los fracasos, defectos, errores, culpas, miedos...?
¿qué de malo hay en ser uno mismo?
Pues no hay nada malo, solo pavor, y que no sabemos convivir con esto; no le damos normalidad, sino solo soluciones límite: represión o potenciación. Y así no, así claro que pensar se convierte en un problema.  
Pues bien, llegados a este punto, y como nos sentimos débiles, y no sabemos qué hacer con ideas o sentimientos negativos, pues, los expertos nos dan las fórmulas para no pensar "demasiado". A mi (lo siento) no me funcionan; ¿cómo se lleva a cabo, sinceramente, ese maravilloso control mental?
Son del tipo:
  • "Al menor indicio de estar pensando demasiado, darse cuenta y dejar de pensar; parar el pensamiento, zas, en mitad". Esto es para destornillarse de la risa. Vamos a ver, que no, que no es así, que no tenemos una tecla de "Cancelar", (ojalá la tuviéramos); si ya lo sabes desde el principio que estás pensando, pues claro que eres consciente de ello, pero no se puede parar así como así. Yo lo que hago es darle su tiempo, hasta que se esfume. No lo bloqueo.
  • Y peor que lo anterior es cuando te dicen "si tienes un pensamiento negativo, lucha, destrúyelo y entiérralo y, a continuación, piensa automáticamente en el contrario". Ja, ja, ja, ja y ja... qué bueno es esto y qué fácil de decir.
  • Y para rematar "deja tu mente en blanco". A menos que te hayas dado un golpe severo, que alguien me diga si alguien lo ha conseguido, y cómo. A mi me ocurre lo contrario cuanto más intento no pensar, más pienso.
  • "Hay que ver el problema desde fuera, con perspectiva, como si fueras otra persona". A mi esto siempre me ha parecido un sin sentido. El problema está en mi, soy yo. Yo no puedo desligarme de mi. Si alguien me puede explicar esto. 
  • "Dedicar al día un tiempo para pensar". Otra de las cosas que es prácticamente imposible de poner en marcha.  Los pensamientos te asaltan, no tienen horario.
  • "Hay que darle a las cosas la importancia justa". Esto sí me convence. Pero de eso solo te das cuenta después, al paso del tiempo y te ríes de antiguas preocupaciones que ahora no tienen fundamento.
  • "Consuélate, eso le pasa a todo el mundo". Ya ¿y qué?... eso no me soluciona nada; ahora me pasa a mi.
  • Y otro consejo que se dice por decir. "Rodéate de gente solo positiva"... Como si eso se pudiera elegir tan fácilmente; a veces, te coca lo que te toca, y lo que haces es adaptarte a cada cual, o intentar que no te afecten. Por otro lado creo que la gente que aparenta ser muy positiva es solo eso apariencia; no me creo que estén siempre tan bien. Este consejo no me sirve para nada, me parece un extremo.
Estoy de acuerdo en que es bueno desconectar. Porque pensar mucho y nada más, solo te lleva a quedarte en ese estado, sin hacer nada. Yo lo que hago es desviar la atención: sobre todo haciendo algo físico, me dejo llevar. Y otra cosa, no desconecto porque me diga a mi misma: "uuuyuyuyuy, estoy pensando demasiado... malo, malo... ahora voy a hacer algo al respecto". Simplemente me lo pide el cuerpo, es algo biológico, mecánico, no consciente. La explicación a esto creo que podría estar en la autorregulación del cerebro, porque, si os dais cuenta, no puede estar mucho tiempo haciendo lo mismo, a menos que esté verdaderamente enfermo. 
Mariadela 

miércoles, 1 de enero de 2014

que no somos plantas, a ver

Las últimas investigaciones nos hablan de que pensar "demasiado" es malo. Pero pensando, pensando, sobre todo en la sociedad, pienso al revés.
O sea que pienso que la mayoría de las personas piensan demasiado poco, o diréctamente no piensan. Estamos en la época de la superficialidad, de la simplicidad de las mentes. Para qué pensar si ya otros piensan por ti. Y cada vez se piensa menos.
Y casi todo el mundo piensa igual y se deja llevar por la corriente. Y lo habitual es que no se te ocurran ideas interesantes y cuando se te ocurren, por no ir a contracorriente, las silencies. Llamémosle miedo a equivocarse, y esa necesidad contínua y enfermiza que tiene el ser humano de encajar y del reconocimiento por los demás.
Hay una pereza mental enquistada en lo social, que hace que una buena mayoría no se pare a pensar qué significan las cosas realmente, dónde están las raíces de los problemas.  Y, muy relacionado con esto, tampoco se lee, o, si se lee, no se entiende... '¡Un texto con más de dos frases! Oh, yo paso', y le das a "Eliminar"... sin saber si era importante para ti; quizá por no leer estés perdiendo una oportunidad, te juegues un trabajo, renuncies a un derecho o pierdas tu plaza para entrar en la universidad. Somos así. Nos lo tienen que dar todo "mascadito". 
Hay demasiado ruido audiovisual y somos seres multitarea con apéndices tecnológicos de los cuales no nos desprendemos. Pero... si os fijáis ninguna de esas cosas que hacemos, simultáneamente, requiere pensar demasiado; las hacemos como robots. Y nunca nos concentramos en una solo idea importante, quizá porque nada nos parece interesante, quizá porque nos produce malestar pensar en el futuro; tal vez porque no tenemos ni una sola idea en condiciones.
Los medios de comunicación por lo general solo te dicen verdades sesgadas, y educatívamente vamos hacia atrás, hacia generaciones aún más vagas mentalmente. No somos capaces de discernir. Y como si estuviéramos bajo los efectos de un narcótico no planteamos nada; no se nos ocurren nuevas formas de pensar y de hacer.
Y, así, esta sociedad en lo que más piensa es en evadirse, en distraerse, en despreocuparse... y se vive, así, en un vacío de pensamiento. Más bien se vegeta. Pareciera que el acto de pensar sea un peso demasiado grande, un estigma, simplemente porque se asocia automáticamente con "complicar las cosas", "calentarse la cabeza"... con no vivir.
Pero, la única verdad es que si no piensas, tu vida será lo que otros quieran que sea. Y para pensar correctamente, no hay más remedio que pensar en el pasado y en el futuro. Y ese es el miedo. Del pasado no queremos recordar, ni aprender, solo olvidar; y del futuro... mejor ni pensar, demasiado incierto. Pero vivir, el día a día, sin sueños, proyectos e ilusiones... sí que es vivir como una planta, vivir, pero no pensar ni sentir.
Y sigo pensando que... solo pensando te asaltan las dudas, pero, también pensando, te viene la forma de resolverlas.
Pensar es no creérselo todo, pensar es ser más fuerte; pensar es ser libre y perderle el miedo a nuestro yo interno. 
Mariadela

sábado, 21 de diciembre de 2013

flotar... ese estado intangible

Despegar los pies de la tierra,  para no acabar hundiéndose en el barro.

Cuando era niña siempre me recriminaban que estaba en las nubesen la luna de Valencia. Me hacían sentir muy cósmica, cuando lo única que hacía era ser muy terrenal. Solo quería conocer cosas nuevas, o en su defecto, inventármelas. Y bueno, es cierto que me despistaba haciendo recados. Si tenia que ir a la tienda, en el trayecto hacía de exploradora; no podía resistir la tentación de mirar a lo lejos y pensar qué habría más allá de aquel camino. Esta curiosidad me hacía llegar tarde, y lo peor, sin el encargo; pero era feliz, y a cambio, traía buenas informaciones relativas a personas y lugares, mis descubrimientos. 
Ahora (sólo a veces) me lo dicen igual: que si vivo en un mundo paralelo, que si voy "a mi bola", que si estoy en mis cosas, a mi aire, que me he perdido. Y a mi esto lo que me da es risa, de ver como se dan por vencidos. Me dicen que no tengo arreglo, que mejor dejarme. Creen que no entiendo o no quiero entender, incluso les parezco maleducada y rara. Y es al revés. Me doy cuenta, sí, de que no me importan. me aburren, me asfixian, me bloquean, me matan. No entienden que yo estoy bien así y que me encanta no encajar, y que a mi los raros me parecen ellos. Y aunque no me gusta dar explicaciones...
Puedo decir que tengo un máster en detección de seres no afines a mi, y cuando se me acercan o me hablan, no tengo ningún problema, puedo ascender al instante, flotar e iniciar el vuelo, porque no estoy dispuesta a que me devoren el cerebro, me quemen la sangre, o absorban toda mi energía.
¿Y os preguntaréis en qué momentos vuelo? 
Vuelo, disimuladamente, por no soltar sandeces cuando oigo nada más que sandeces, cuando me indigno y se me inflan las venas.
Vuelo, intencionadamente, para no recordar, cuando me cuentan demasiados detalles de sus vidas, y me siento con secretos que no puedo contar; ya tengo bastante con los míos (unos cuatro).
Vuelo, descaradamente, y me voy por las nubes, cuando me hablan sin parar, sin escuchar mi voz, y encima de temas que me traen al "pairo".
Vuelo, delante de sus caras, para no vomitar en sus caras cuando solo saben hablar de las "medallitas" conseguidas, de sus éxitos y de las cosas adquiridas.
Vuelo, muy rápido, al primer indicio de quererme organizar la vida. 
Vuelo para no sentir tan fuertes las cadenas de lo cotidiano, de lo ordinario. 
Vuelo cuando amanece, al atardecer y cuando anochece, en esos instantes mágicos de placer.
Vuelo siempre con la música que es mi morfina; que me ilumina, que me emociona; que me hace recordar y olvidar.
Vuelo cuando corro junto al río como si no hubiera un mañana, cuando deambulo por calles y parques, sin rumbo, sin tiempo, deteniéndome en cada detalle. 
Vuelo cuando me pierdo en tu iris.
Vuelo cuando me hablas bajito y excitado y me nombras entre mi cuello.
Vuelo porque tengo la suerte de tener clítoris.
Y por la noche planeo bajo, sobrevolando tu piel, mientras estás dormido, para aterrizar en tu parte más caliente, donde descargar solo besos guardados para ti.
Y no despertarás.
Te olvidarás de ser.
Estás en mi sueño.
La capacidad de flotar, de volar con la imaginación, es innata al hombre. Es de las pocas cosas que nos quedan para sentirnos más libres y para controlar mejor, y no es una contradicción.
Vuelo porque no entiendo la vida y no quiero entenderla.
Vuelo porque mis alas son invisibles, y no acertarás a cortármelas.
¿Y tú? ¿flotas, a veces?
 Mariadela